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Andrea Cummins de Savage |
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Desde que tengo memoria siempre
soné con caballos
Vivía
en plena ciudad, pero pese a todo, fui arreglándomelas
para estar siempre cerca de ellos. En los veranos, alquilándolos
en las playas. Y cuando fui mas grande, disfrutándolos
todo el verano en el campo de una amiga, en Coronel Vidal
El destino y las ganas hicieron que al casarme decidiéramos
emigrar de Buenos Aires y Venado Tuerto pasó a ser mi
hogar.
Y junto con la cercanía del campo, volvieron a surgir
muchas mas posibilidades para estar en contacto con estos hermosos
animales.
Y como dice Paulo Coelho en su libro, El Alquimista, cuando
uno tiene un gran sueño, todo el Universo conspira para
que puedas cumplirlo.
Mi sueño era tener un potrillo desde chico y poder domarlo.
Las vueltas de la vida hicieron que me pagaran un trabajo de
computación con un potrillo pintado. María José
Quevedo y su generosidad, hicieron que el primer paso de ese
sueño estuviera cumplido.
Ya tenía el potrillo, ahora tenía que aprender
cómo domarlo.
Había visto varias entrevistas a un gran domador, Martín
Hardoy y quedé impresionada con su método totalmente
sin violencia. Me contacté con él y pude asistir
a un curso de “Doma Racional”
Fuimos 8 personas las que disfrutamos a lo largo de un día,
las enseñanzas y el conocimiento tan bien explicado de
Martin Hardoy. El es tan generoso en sus observaciones que da
gusto pasar horas escuchándolo. Encerró
en una manga una potranca que únicamente había
sido agarrada una vez para marcarla. La yegua enojadísima
apenas dejaba que la toquen. Pero muy despacito, Hardoy fue
tranquilizándola, palmeándola desde la cola a
la cabeza. Todo muy despacio. La pobre cada vez que la tocaban
se estremecía, hasta que al final se acostumbraba a la
mano y dejaba de moverse. En un momento se puso en dos patas
y se montó en la manga . Fué un momento de tensión,
pues parecía que la yegua se salía del brete.
Por suerte volvió a su lugar.
Luego le enseñó a que se dejara llevar por el
cabestro, soga del cual se tira del bozal.
Llegó el mediodía, comimos un asado y a la tarde,
en un corral redondo la ensilló y le enseñó
a trotar en círculos y luego a galopar. Todo primero
sin subirse.
Después la montó. Parecía increíble
que una potranca que hacía unas horas era salvaje pudiera
haberse domado y cedido en sus impulsos tan salvajes.
Este hombre aplica técnicas muy sensatas en la doma de
caballos. No es para nada algo mágico ni nada por el
estilo. Con elementos muy simples y dándole recompensas,
el caballo va cediendo y se amansa sin golpes.
Hardoy conoce el lenguaje corporal de estos animales y sabe
interpretar cuando un animal va a patear, cuando está
tenso. Por ejemplo para ensillarlo, primero le mostró
las cosas que le pondría encima: la matra, montura etc.
y después le puso la matra (paño de lana que va
primero). Si le daba cosquilleo, se la sacaba y la ponía
nuevamente. Y así 15 veces hasta que la yegua no cosquilleaba
mas.
Al final del curso, Martín nos mostró una técnica
que le enseñó un correntino. Maneándole
una mano al caballo lo volteó, y como sucede con las
gacelas, cebras. etc, el caballo tiene en su sistema nervioso
el poder de bloquearse cuando está en peligro inminente
de lo que ellos creen la muerte. Y el caballo quedó ahí
tirado como esperando ... Y Hardoy se le tiró encima.
Le volteó las patas y el caballo quedó con sus
cuatro patas mirando el cielo. Y él con la cara entre
las manos de esa yegua recién domada!
Fue muy emocionante. Al terminar todos aplaudimos.
Cuando volví a casa, apliqué exactamente todo
lo que me habían enseñado. Tuve la suerte que
al principio me ayudara un paisano generosísimo, Rodríguez.
Y amansé a mi caballo, Yagán, sin violencia.
Ya lo monto sola y sin problemas, aunque todavía le faltan
muchos galopes para considerarlo un caballo manso.
La satisfacción que he sentido ha sido inmensa.
Por eso siempre les pregunto a mis amigos, te queda algún
sueño por cumplir? No tengas miedo y animate!
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